21/10/2007
Una clase aconfesional en España
Mariam va con velo a clase. Es su seña de identidad, ella lo ha elegido, el que lleva ahora es un regalo de su abuela que vive en Alhucema. Su mamá, hacendosa y servicial también lo lleva. Mariam está aprendiendo a preparar el té mientras sus hermanos y sus primos ven el fútbol en televisión. Es la costumbre, ellas laboran mientras ellos se rascan lo que pueden. Mariam en casa apenas habla, porque en su mundo lo que pueda decir una mujer tampoco importa mucho. En fin, para lo que hay que decir igual también es lo mejor, es lo que dice su abuela y debe ser verdad. Mariam llegó a España dentro de un programa de reagrupamiento. Su papá lo intentó una vez en la línea regular de pateras que cruza el Estrecho pero la Guardia Civil por gentileza del Gobierno le facilitó el viaje de vuelta. Lo intentó de nuevo oculto en una atracción de feria entre los muñecarros con pinta gore de la Casa del Terror. Llegó embadurnado en excrementos de gallina porque hay quienes dicen que los perros de policía detestan este olor. Después de varios empleos en precario el papá de Mariam, que es de familia de posibles, reunió lo que pudo y montó un locutorio con cíber. Las cosas les van bien y Miriam va a clase en un colegio público en España. Mariam asiste a clase con pañuelo y es de las más listas de la clase. Como tiene una voz clara y bonita a ella lo que le gustaría es ser recitadora profesional del Corán, una pena que no viva en Marruecos donde seguro que llegaría a ser tan famosa como Bisbal en el programa Talentos.
Super católico
Pedro, espera ser de mayor hermano mayor de la cofradía de su parroquia. Para mostrar su fe acude a clase con una reproducción de la cruz de guía de su hermandad colgada del cuello, le molesta un poco en clase de Educación Física pero asume que el sufrimiento bien entendido puede ser hasta camino de salvación. Pedro tiene todos sus cartapacios forrados con las imágenes titulares de su vocación. Por sus inquietudes lo conoce todo el mundo como Pedrito Cruzdeguía. El pupilo no pierde ocasión de mostrar sus inquietudes y en cuanto le piden una redacción libre escribe un pregón con los ripios de rigor. Y siempre que puede lo lee en clase como si estuviera en trance sobre el escenario del teatro de su pueblo. A mamá y papá se les pone el vello de punta. ¡Qué listo que es mi niño! Como el Reglamento Orgánico de Funcionamiento no lo prohíbe (y si lo prohibiese ya lo autorizaría el Ministerio) acude a clase con su túnica de nazareno, su cinturón, sus alpargatas de esparto y su capirote. Lo que más le gustaría del mundo sería ordenar la clase, no del modo anodido y alfabético que sigue el agnóstico de su maestro, sino por orden de estatura y como si aquello fuese una cuadrilla de costaleros.Monje de futuro
Jorge viste su túnica azafrán desde que sus padres cayeron en la cuenta de que su niño, bien pelado y bien arreglado, se parecía al maestro Gyalwa Jampel Gyatso, el octavo Dalai Lama. Estan tramitando los permisos oportunos para que al pequeño Jorge –la verdad es que ya tampoco es tan pequeño- le diagnostiquen la reencarnación que suponen y se convierta en un monje hecho y derecho. Si no fuera porque los chinos sólo quieren fabricar perritos pilotos y piensan que estas cosas de la espiritualidad sólo dan problemas y perversión, el niño ya tendría correctamente identificado su ascendiente espiritual. Mientras llegan los permisos sus padres lo llevaron a Barcelona para ver al Dalai Lama. Pagaron veinte euros por calva y salieron de allí con una paz interior que todavía les dura. Consciente de su futuro Jorge ha propuesto hacer el viaje fin de ciclo al Tíbet. Don Enrique, que es como se llama el santo maestro intercultural que los instruye, advirtió al futuro monje y compañeros que eso dependería del número de cajas de mantecados y polvorones que vendiesen. A más cajas más kilómetros. Mariam protestó porque estos dulces estaban hechos con manteca de cerdo y que ella de pecados los precisos. Se aclaró todo cuando un comercial del fabricante aclaró que eso era antes, mucho antes, que ahora la manteca no la veían ni en pintura. Y si no que se leyeran la composición y que ya verían. Claro que eso de leer no lo hace cualquiera.Pon un judío en tu vida
Efraín está sentado en el primer pupitre de la clase. Cuando escribe la fecha, el maestro la exige en la cabecera de las páginas en las que trabajan cada día, anota “2 de cheshvan de 5768”. Ni sus compañeros ni el maestro saben muy bien lo que significa pero él sigue a lo suyo, es según parece como cuenta su dios. Efraín de mayor quiere ser rabino y estudiar las escrituras y hacer de la Torah su vida. Para ir haciendo cuerpo acude a clase de judío ortodoxo y vestido de negro saino y cubriendo su cabeza con la kipa. Con el mismo propósito los cuatro pelos o menos que tiene en la cara los ordena y acicala para la oración. A la hora del desayuno Efraín se toma una cocacola y un donut, algo que es tradición en casa. Debe ser su ofrenda a otros dioses de nuestro tiempo.
Otras confesiones Johny viste impecable de marcas y se mueve con la gracia de los actores de Holliwood en la alfombra roja de los Oscars. Sus progenitores se han inscrito como miembros de la Cienciología. El orden alfabético lo ha sentado junto a Lola que es hija de una familia cubana que llegó a España por intercesión de un primo -un morenito de buen ver- que se lió con una actriz española bajo mínimos. Lola asiste a ritos de santería cuando sale del cole para no perder sus raíces. Hoy se ha traído a clase para las prácticas una gallina que aguanta como puede bajo el pupitre. Don Enrique ha pensado que visto el animal y lo nervioso que está –será consciente de su futuro- podría aprovechar la clase para explicar algo de historia natural y de la evolución de las especies, aunque no sabe si los padres de Antonio, que se proclaman deterministas, habrán objetado como prometieron a inicio del curso. “Mejor lo dejamos para otro día”, ha pensado, no vaya a ser que me caiga una denuncia por atentado contra la libertad de conciencia.
22/09/2007
Los ciudadanos educados van al infierno
12/08/2007
Mi vecina ha aprobado las oposiciones
Mi vecina ha aprobado las oposiciones de magisterio, del latín magisterium, maestro, jefatura. Con estas reminiscencias etimológicas se hace más que obvio que eso del latín es una lengua muerta. Les decía que mi vecina las ha aprobado. Por méritos propios. Nada de enchufes. Creánselo. No pasa todos los días pero alguna vez hay alguien que las aprueba. No es ciencia ficción. Y apunten: no era ni interina. Una mirla blanca. Ahora, en el intento se ha tirado los últimos doce meses sin levantar los codos de una mesa que se compró en Ikea. “Tengo callos en el culo”, me dijo. Y les puedo asegurar que almorranas, aunque las sufre en silencio. Y no piensen mal; si lo sé es porque un día coincidimos comprando una caja de esas toallitas de Hemoal que anuncian en la tele. Y esas cosas unen, de veras. Eso sí, Hemoal aparte –consulte con su farmacéutico- está más feliz que unas pascuas, tanto que se ha bajado para su móvil el “Mardito Ernesto” que las “feas” han convertido en canción del verano. Pobre Georgy Danm, después de cagarse en todo y de tanta diarrea mental que vengan unas feas y le quiten el premio. Habrá que decir también que mi vecina es soltera, que la compra la ha hecho por solidaridad, por mimetismo, que dirían los modernos. Mi vecina, bendita hembra, se ha convertido así en una aspirante a mártir aún a sabiendas de cómo está la gloria, o el infierno, según y quién. Una santa. Virgen no, que eso, desde un novio que tuvo en la universidad todo apunta a que no pasaría la prueba del pañuelo ni la del algodón. Ni falta que le hace.
Un mes de celebraciones
En cualquier caso lo importante ahora es que ha aprobado y que está de un contenta que lleva un mes y pico de celebraciones, lo mejor, por lo menos para los demás, es que se pasa el día invitando a cuenta de los sueldos que vendrán. Por lo pronto se ha gastado los ahorros que tenía y para aguantar hasta septiembre, hasta que le paguen la primera nómina, se va a pedir un crédito rápido de esos que anuncian en la tele y que te sacan, además de los intereses los ojos. Ahora, está que no cabe porque le han regalado un despertador digital que le va a venir como anillo al dedo para no llegar tarde a clase.Claro que ella, ahora que va a tener un sueldo para toda la vida, como los de Nescafé pero sin tener que ponerse de cafeína hasta las orejas, cree que eso no es problema, que en un par de años encuentra a otro del gremio, la endogamia en la profesión es casi tan alta como entre las familias reales europeas, y todo arreglado, pura felicidad, por lo menos hasta que algún juez los separe.Uno, que ya es viejo en el oficio, le ha advertido que antes de que la profecía se cumpla ha de pasar la fase de prácticas. Una vez llamó a uno de los teléfonos de Rappels y le dijeron que terminaría enseñando cosas al mundo. Y aunque ella al principio creyó que acabaría de novia de Paquirrín y que la retratarían para Interviú, después cayó en la cuenta de que la profecía tenía que ver con su vocación. Ahora ha de pasar un periodo de pruebas, y eso, una muchacha como ella, una santa, que los niños igual terminan diciendo que es tonta, que en este mundo se confunde todo, igual no lo pasa. La cosa no es fácil, cada vez está más difícil, hasta es aconsejable que se prepare psicológicamente para lo peor; y lo peor es una horda de niños dispuestos a comérsela como si fuera un paquete de gusanitos, y además habrá de superar el trago de una comisión que sentenciará si es apta o no. Y ser apta significa tener capacidad para sobrevivir en un medio inhóspito al que no es fácil acostumbrarse, y que eso no hay psicólogo ni psiquiatra que te prepare y menos que lo consiga. Y si no fíjense en las cifras de bajas por ansiedad y por depresión que no tienen parangón en otras profesiones. “El síndrome del profesor quemado puede acabar contigo antes de que rellenes una pizarra -le he dicho- ¡Qué es de veras! Créetelo, que la cosa está muy mala”. Pero ella ni caso, sigue con lo suyo, cegada por el éxito. Pero la pobre no se imagina lo que le espera. Tener que competir con Los Algo o con Doraimon, el gato cósmico y sus artilugios, ella, que de cacharros no entiende nada, que aprender a manejar el móvil le ha costado hasta clases particulares, y que en esta vida no ha hecho otra cosa que estudiar e irse de botellona de higo a breva. Por no saber no sabe –como se decía antes- ni freír un huevo ni desatascar el fregadero. “Para eso están los fontaneros –dice mientras sonríe-. Y además, siempre existe la posibilidad de que caiga algo, que esto de los hombres está muy malo, que es como si a todos los hubiesen contratado para las telenovelas y pare usted de contar”, ha asegurado y se ha quedado como una maestra a las dos de la tarde.
Para toda la vida
Mi vecina ha aprobado y eso es noticia en el bloque en el que vivimos. De un momento para otro se ha convertido hasta en un buen partido. Ella, que empieza a vislumbrar las posibilidades que se le abren ante sí, que va haciéndose cargo de nuevo mundo que le espera después de mis muchas advertencias, ha pensado que lo mejor para prepararse es apuntarse a una terapia de grupo en la que la prepararán para afrontar psicológicamente el día H. Y además se ha comprado un par de manuales de pedagogía y se ha suscrito al Teleprograma, porque “hay que saber de qué se alimentan las fieras,” y un ordenador portátil por si le toca en un centro T.I.C., que son esos en los que hay niños, videojuegos y maestros. Maestras también, como ella.“Una lotería”, “para toda la vida” son las frases que más ha escuchado en los últimos días, ni en la ONCE hacen esos regalos. Aunque eso ya nunca se sabe, ya ni las ligaduras de trompa lo son para siempre. Todo es reversible. ¿Quién sabe si un aspirante a gobernante de estos que llegan a La Moncloa, termina haciéndose eco de las consignas de un profesor Barea al uso y empieza por decir que se acabó, que el presupuesto no da para más, que España no puede, que los bancos y sus amigos están perdiendo beneficios, que… En fin, que ya nada es para siempre y lo de funcionario tampoco. Ya veremos en qué queda.
16/03/2007
Educando a súper héroes
26/02/2007
Profesor deprimido y con el rabo entre las piernas
24/02/2007
Profesor al rescate, padre al ataque
23/02/2007
Alimento para animales con recreo
22/02/2007
De vocación vigilante de recreos y de playas
Don Fungencio Arias Navaro es maestro de vocación. Sí, Arias Navarro, como aquel prócer de la política española que se hizo famoso por el “Franco ha muerto”. ¡Qué güay quedaría de reclamo en los móviles de la España real! Sería un éxito entre los nostálgicos. Sí, aquél de las gafas, casi todos los maestros las tienen, debe de ser porque los libros afectan a la salud, está comprobado. Ese que se está comiendo el bocata a pie de patio. ¿Lo ves? Bocadillo de chorizo y papel albal, que se decía antes del aluminio. Sí, el único que ha tirado la bolita del papel plateado a la papelera y no se ha puesto a jugar con ella. Está claro, si tiene hasta pinta de maestro. A los maestros y a las maestras se les conoce, es como si lo llevaran tatuado en la frente. No son tatuajes, son tatoos, que eres muy antiguo. Es un tío triste. Lo habrá dejado su mujer. ¿O los maestros no tienen mujer? Si tiene mujer será otra maestra. Dios los cría. Y en casa hablarán de cosas de maestros y maestras. Y pondrán verde a los niños. Y a las niñas las pondrán que no habrá por donde cogerlas. Pues ya ves. Ahí lo tienes, desayunando a la intemperie. No parece ni que sienta ni padezca. Cada vez tiene más pinta de guarda jurado. Le falta el uniforme y un parche amarillo en el brazo un poco antes del hombro. Un recreo sí y otro no guarda el patio casi como si fuera suyo. Vigila vigilante que los patios de recreo son tuyos, hubiera cantado en estos tiempos El Fari. ¿En qué pensarán los maestros y las maestras mientras hacen guardia en el patio? Ellas también hacen guardia, no se quitan ni la bata, ni el babi siquiera, es como el elemento diferenciador. Se meten las manos en los bolsillos y a mirar que te crió. ¿Qué tendrán las maestras en esos bolsillos? Me muero por saberlo. Llaves, seguro que son llaves, las maestras siempre tienen muchas.
02/02/2007
Micción angelical de efectos especiales
Pero todo llega y el día del estreno también. No por nada, y fundamentalmente porque las vacaciones y el descanso de los guerreros están a la vuelta del polvorón y del niño de San Ildefonso –perdón, o de la niña- que se desgañita repartiendo números, salud y un poquito de felicidad; para que los chicos de la tele vuelvan a decir lo de siempre: Que si cayó en Sort, que si no tocó, que si... En fin, que los maestros, tienen un ojo en el belén y otro en los del bombo, por si llega el momento de mandar a paseo a más de tres. Por lo pronto el angelito que anuncia “Paz a los hombres de buena voluntad” ya está en lo más alto de la escena con sus alitas y su traje de raso blanco. ¡Si lo llegara a ver Lucía Bosé! San José y la Virgen, que acaba de dar a luz un “action man”, toman su sitio en la cueva de cartón piedra. Si no fuera porque la Virgen no deja de hurgarse en la nariz sería una postal lindísima. Una pena, al Patriarca las barbas postizas le han provocado un sarpullido menudito que ya veremos en que queda. Canta el coro de pastores. El angelito se tambalea en las alturas. Mueve las piernas como si fuera una araña que baja del techo. Sigue el movimiento de piernas. “¡Mamá, mama...!” Se rasca la entrepierna con insistencia hasta que llega lo inevitable. “¡Que no puedo más....!” No le da tiempo de terminar cuando una lluvia de orina riega las cabezas de los santos. Los pastores se sacuden la agüita amarilla y los padres alucinan en colores con un efecto de lluvia en directo. ¡Bravo, bravo! Deberían dar un premio a la maestra que absorta, anonadada por los efectos de la urea, no deja de preguntase con perdón: ¿Por qué no viviría Herodes cuando nació esta criaturita? La seño, que ya tiene claro que celebrará su onomástica el día de los santos Inocentes, mete la cabeza donde puede. Cierra el telón. De aquí al cielo.
